Mynor Chávez
“Me dijeron que el ballet no era una profesión”
Con 25 años de edad comparte el escenario con los grandes exponentes del ballet de la Compañía Nacional de Danza y ha hecho presentaciones en el ámbito internacional
¿Cómo le nació la idea de llegar a bailar ballet profesionalmente?
Fue desde que estaba en el colegio. Para la ceremonia de graduación de undécimo año se organizó una actividad de baile, me llamó la atención y comprobé que me gustaba. Me presentaron a una profesora de ballet que impartía clases en un gimnasio en Liberia y comencé practicando pasos que no conocía. Fue todo un descubrimiento, una experiencia bonita y con momentos muy emotivos, y a partir de ahí comencé a amar el ballet.
¿Cómo fue la experiencia de llegar y decirle a su familia que iba a ser bailarín?
Al principio me dijeron que el ballet no era una profesión, que no me iba a dar para vivir. Me pidieron que lo pensara mucho. Pero la verdad, es lo que me gusta, lo que me apasiona. Lo más importante es que estoy haciendo algo que amo, que me gusta porque se conocen muchos lugares y personas. Al final mi familia me apoya, hoy puedo decir que mi mamá está conmigo siempre.
¿Y su papá?
Reflexiona la pregunta… Debo reconocer que era muy machista. Al principio no lo apoyó, no le gustó la idea de que bailara ballet. Después falleció y bueno…
¿Cuál fue el principal obstáculo que tuvo que enfrentar cuando llegó a San José?
Como siempre el dinero. Venir de Guanacaste, tuve buscar ver dónde vivir, cómo conseguir dinero para comprar las zapatillas, las mallas, comer mientras estudiaba, aun con la ayuda de mi mamá tuve que apretarme la faja. Después lo que me ayudó fueron los “chivos”, presentaciones en las que participaba y ahí obtenía algo de dinero. Gracias a Dios todo se fue acomodando y logré alcanzar mi sueño, que era hacer ballet. Hoy vivo con mi hermana, pero igual tengo que aportar.
¿Cómo fue esa experiencia durante la universidad y el roce con bailarines con mayor trayectoria?
Fue todo un reto. Yo llegué sin saber nada, aun así comencé a poner de mi parte, a ensayar los pasos, a aprender de los que más sabían y bueno logré llegar hasta donde estoy ahorita, compartir el escenario con un experto bailador español que está montando una coreografía.
¿Cuando está en el escenario qué sentimientos lo invaden?
Para mí, salir al escenario, en el Teatro Nacional, en parques, en teatros fuera del país me llena como persona. Lo que más puedo rescatar es que al hacer lo que más me gusta me entrego de lleno al ballet, en cada paso, en cada presentación. También el formar parte de una obra hace que me esfuerce más para que las cosas salgan bien y ver que al público le gusta. El ballet me satisface mucho.
¿Cómo ha sido ese enfrentamiento entre lo que le gusta hacer y lo que señala la sociedad de un bailarín?
Hago lo que me gusta. Creo que en Costa Rica se ha avanzado mucho en materia de las artes. La verdad he tenido muchas amistades que me han ayudado a integrarme y conocer cada vez más sobre esto que es tan bonito como la danza (risas). Pero tranquilo con lo que dice la gente.
¿Qué se requiere para ser bailarín?
Hay que tener mucha disciplina, en el tiempo libre se continúa practicando; esto no es para hacer dinero, hay que estar claros que bailar no lo hace a uno millonario, es cumplir un sueño que llena de muchas formas. Si a uno le gusta y tiene ese sueño, hay que entregarse, ser responsable, luchar y aprender mucho, ya que cuando termina una presentación escuchar los aplausos de la gente es la recompensa más grande.
¿Como bailarín qué objetivo le queda?
Mejorar. Ser un buen bailarín y continuar bailando, que es lo que más me satisface.
Cristian Leandro
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