Yengel Gómez es nicaragüense y ha dedicado los últimos diez años de su vida a trabajar en Costa Rica a donde llegó buscando un mejor pasar para sus hijos.

Hace algunas semanas sufrió un desafortunado accidente en motocicleta, que lo dejó con una pierna quebrada y varios golpes, sin embargo, ese dolor no fue lo peor que le había pasado, pues después tuvo que sufrir varios días del maltrato de la cultura del “ahorita”, tanto en el Hospital de Alajuela como en la Clínica Católica, donde fue operado, más de dos semanas después del accidente y gracias a la cobertura del INS que él mismo había adquirido para su moto.

Mientras esperaba que lo atendieran en el Hospital de Alajuela, pidió agua, a lo que una enfermera le respondió “ahorita”. Dos horas y varios “ahoritas” más tarde, por fin pudo sorber un pequeño trago de agua que lo único que hizo fue darle más sed.

En la Clínica Católica, el trato no fue diferente, pues al estar en la sala de cuidados postoperatorios, Yengel le tuvo que suplicar a la enfermera que le llevara algo para comer, ya que tenía más de 20 horas sin probar bocado alguno. Al rato vio cómo a todos los pacientes de las camas vecinas les daban alimento, menos a él y adivinen qué fue lo que escuchó cuando suplicó por comida.

Así es: Ahorita. Es el colmo.

No sé si habrá sido por su calidad de extranjero, o por su extracción humilde, es que así tratan a todos los pacientes (no creo), pero el trato fue desconsiderado.

editora> Javiera Gutierrez
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